Enjundia santandereana, ni un paso atrás

 

"En el nombre de Dios, de mis mayores y de la libertad. ¡Ni un paso atrás, siempre adelante y lo que ha de ser que sea!" José Antonio Galán

Amigo lector, ofrezco disculpas, porque había prometido que este artículo versaría sobre al transformación de las mentes modernas, pero, el dolor por los últimos acontecimientos de inseguridad en Bucaramanga, en especial el intento de atraco a una joyería en el Centro Comercial Cuarta Etapa, al mejor estilo de las películas del oeste americano, la pérdida de civismo en la que está sumida Bucaramanga, porque algunos motociclistas y conductores de vehículos se tomaron sin “Dios y sin ley” las vías públicas haciendo lo que se les da la gana en ellas, el desorden en el que está cayendo la capital de la hormiga culona, la ola de sicariato en el territorio, que me llevan a recordar los años oscuros en la que sumió la guerra del narcotráfico a Medellín, en los años 80 y 90 me jalaron la pita para escribir este artículo con la finalidad de reflexionar de nuevo sobre la situación en la ciudad Bonita, ya que en 2023 escribí el artículo “¿Se está poniendo fea la Ciudad Bonita?” sobre famosa calle del desorden “cuadra picha”, que en vez de mejorar va de mal en peor.

La raza santandereana tiene su fuerza, vigor, arrestos, que lo resume la Real Academia de la Lengua en el vocablo enjundia. Cualidad característica de una casta capaz de levantarse y poner en jaque al establecimiento, como fueron los primero hervores para la independencia de Colombia con el movimiento comunero de 1781, en el Socorro, con Manuela Beltrán como incitadora, luego años más tarde, otra mujer lideró uno de los momentos cruciales de la guerra de independencia, Antonia Santos Plata, quién con la guerrilla de Coromoro y la población civil el 4 de agosto de 1819, bloquearon a punta de machete, garrote y piedras en el río Pienta, en Charalá, el camino a la fuerza realista, comandada por Lucas González haciéndole perder tiempo valioso para llegar a reforzar al ejercito español en la Batalla de Boyacá (Rueda García, 2020), bloqueo fundamental para la victoria patriota tres días después.

La Guerra de los Mil días (1899-1902), tuvo en Lebrija, Santander, uno de los escenarios de enfrentamiento más cruentos durante esa guerra civil, la Batalla de Palonegro.

Pero no solo la enjundia santandereana ha salido a flote en momentos decisivos de la patria. Cuenta Emilio Arenas (2008), en su libro “La Guerra de Palonegro”, que en Santander se vivía una bonanza económica en la década de 1870, gracias a los buenos precios del café por la calidad del grano en las variedades “Bucaramanga” y “Cúcuta”, a su vez, de la mano de migrantes alemanes con personas oriundas de este territorio conformaron el llamado “Grupo del Comercio”, quienes ampliaron la producción cafetera, creación de un banco en Bucaramanga, inauguraron el Club de Soto, instalaron el telegráfico en Rionegro y el puerto en Botijas, y la proyección del ferrocarril para comunicar el territorio con el río Magdalena, bonanza que terminó en desastre: “el 7 y 8 de septiembre de 1879 parte de la población de Bucaramanga se alzó en armas contra los alemanes […]” (p.8). Pasa esta tormenta, llegó el auge de la quina con su variedad “Cuprea” al territorio santandereano, que duró poco tiempo, pero fue cimiento para la recuperación otra vez de la mano del bonanza cafetera, pero, cuyos precios se desplomaron a finales del s. XIX.

Volviendo al tema central sobre la enjundia santandereana, esa capacidad de lucha y generar grandes trasformaciones en la sociedad colombiana se ha ido diluyendo, y veo con suma preocupación que esa amalgama característica de la raza santandereana se ha diluido a través del tiempo, en donde los diferentes actores políticos, empresariales, gremiales, académicos, entre otros, han alzado su voz de alerta en pro el desarrollo del territorio, pero una golondrina no hace verano, por ello, es necesario, buscar la unión de las fuerzas vivas para que de manera mancomunada, dejando a un lado los egos, se construya un proyecto de territorio con visión de largo plazo para un porvenir sin tanto nubarrón en el cielo, con el objetivo de recuperar el lustre de “Ciudad Bonita”, no solo para la capital, sino para sus 87 municipios. Como lo dice el himno santandereano en su tercera estrofa:

Hijos audaces de altiva breña

a la que amamos con frenesí

somos la raza que lucha y sueña

en la conquista del porvenir.

La enjundia santandereana debe servir para que este comentario, que le escuché a un santandereano en una entrevista: “en Bogotá se reúnen tres paisas, es para hacer negocios; tres costeños, para armar una fiesta; y tres santandereanos para pelear”, no sea más el referente para los hijos de esta tierra, sino que ese ADN aguerrido del santandereano, sea para construir y no destruir.

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Referencias

Arenas, E. (2008). La guerra de Palonegro. Fundación El Libro Total. https://www.ellibrototal.com/ltotal/?t=1&d=6255

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8 en línea]. <https://dle.rae.es>

Rueda García, C. (2020). Batalla de Pienta. Banco de la República. https://enciclopedia.banrepcultural.org/index.php?title=Batalla_de_Pienta


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