Desaprender, aprender y aprehender, para no tirarnos en la generación contemporánea.
Apreciados lectores, que este año 2026 esté lleno de muchas cosas buenas para ustedes y sus familias. De nuevo gracias por permitirme “invadir su privacidad” y leerme. Puede compartirlo libremente entre sus contactos.
Michael Hammer y James Champy (1994), revolucionaron el mundo
empresarial con su libro Reingeniería, en el que invitan a las organizaciones a
desbaratar, moler, amasar y construir de nuevo los procesos, con el fin de ser
más productivas, en palabras de los autores es: “la reingeniería de negocios
significa volver a empezar de cero” (p. 2).
Paralelamente al libro de Hammer y Champy, Michael J.
Spendolini (1994) escribió el libro Benchmarking como otro enfoque de la
gestión y modernización organizacional, no con base en el deshacer y volver
a construir, sino a través del aprendizaje organizacional, aprendiendo de los
mejores, ya sea dentro de la industria (competidores), en otras industrias o
dentro de la misma organización.
Después de estas obras, la literatura sobre el cambio
organizacional se amplió, pero toda orientada hacia el mismo objetivo, como “adelgazar
la empresa” tanto en la gestión administrativa (lean management) como en
la producción (lean manufacturing), con estructuras planas e
interactuantes e interdependientes entre los diferentes procesos, generando
sinergia, uno de los principios de la Teoría General de Sistemas, formulada por
Ludwing von Bertanlafy en 1969.
Traigo la relación anterior sobre dos enfoques del cambio
organizacional, porque el mundo está turbulento, con cambios acelerados en
todos los aspectos, que requiere tomarse una pausa para desaprender, aprender y
aprehender; es decir, romper paradigmas tanto individuales como colectivos, y
evitar caer en las trampas que Jonathan Haidit y Greg Lukianoff (2021) nos
alertan en su libro “La transformación de las mentes modernas”, en donde, la
educación y formación está inmersa en todo el proceso del desarrollo humano, tanto
en el hogar como en tránsito escolar desde el prejardín hasta la formación
posgradual.
Los autores plantean que nos estamos “tirando” a nuestros
hijos, tanto en la casa, como en las instituciones educativas, gracias a la “cultura
de la ultraseguridad, “como una respuesta a muchos cambios sociológicos y tecnológicos
que interactúan” (p.15) y a una nueva “fragilidad” (p.16).
Los autores se plantean seis bloques de preguntas que ayudan
a reconocer sí la sociedad está en el marco de la nueva fragilidad y ultraseguridad,
entre esos cuestionamientos se agrupan seis “bloques”, desarrollados a través
de los capítulos del libro:
1.
Crecimiento de la depresión y ansiedad entre los
adolescentes. (capítulo 7)
2.
Incremento de la interacción social a través de
las redes, buscando aprobación física y por el estatus social (los famosos “dame
un like”), que pueden experimentar el síndrome del “FOMO (temor a
perderse algo) [fear of missing out] o FOBLO (temor a ser excluidos) [fear
of being left out]”, por sus siglas en inglés. (capítulo 7)
3.
Avergonzamiento de las personas en redes sociales.
(capítulo 3)
4.
Libertad de los hijos en relación con la
libertad que tuvieron como los padres, para jugar en la calle, o tienen restricciones
por los miedos paternos “que están dispuestos a privarlos del tipo de juego
libre que mejor construye la confianza propia, la independencia y las habilidades
interpersonales”. (p.16) (capítulos 8 y 9)
5.
Polarización política entre la izquierda y
derecha, que incita al juzgamiento de unos y otros por la posición política
asumida. (capítulo 6).
6.
Apertura de las universidades a la cosmovisión o
en las universidades hay sesgos cognitivos limitantes para el desarrollo del
conocimiento universal. (Capítulos 4 y 5).
Llama la atención la alerta de los autores sobre el rol del
docente universitario, de hoy, pero que aplica perfectamente en todos los
niveles educativos:
“Naturalmente, muchas cosas han cambiado en los campus desde
los años sesenta. Los universitarios [los estudiosos[1] en
todos los niveles] de hoy son mucho más diversos. Llegan al campus tras haberse
enfrentado a varios grados de intolerancia, pobreza, trauma y trastornos
mentales. Los educadores deben tener en cuenta esas diferencias, reevaluar viejos
supuestos y esforzarse por crear una comunidad inclusiva[2]. […]”
(p.29).
Pero, ¿en los niveles precedentes
a la educación superior estamos preparando a los estudiosos para?:
“[…] el mundo
al que se enfrentarán después de la universidad, y los que están dando el mayor
salto – los que corren más peligro de sentirse extraños en una tierra extraña –
son los que deben aprender más rápido y prepararse más a fondo. El terreno de
juego no está equilibrado; la vida no es justa. Pero la universidad es posiblemente
el mejor entorno de la tierra para enfrentarse cara a cara con personas e ideas
potencialmente ofensivas e incluso directamente hostiles […]” (p.29). Es decir,
dejar de criar “niños de cristal”.
Haidit. y Lukianoff, concluyen en
el capítulo 1, “la falsedad de la fragilidad: lo que no mata te hace más débil”:
“Los niños como muchos otros
sistemas adaptativos complejos, son antifrágiles. Su cerebro requiere un amplio
rango de estímulos de sus entornos para configurarse para ellos. Como el sistema
inmune, los niños deben exponerse a las dificultades y estresores (dentro de
unos límites y de formas acordes a su edad), o no lograrán madurar y
desarrollarse como adultos capaces que puedan interactuar de forma productiva
con las personas y las ideas que desafían sus creencias y convicciones morales.”
(p.61)
Para concluir, tanto los padres, como las instituciones educativas (estudiantes, docentes y directivos) debemos retomar los elementos necesarios de la reingeniería y el benchmarking empresarial para desaprender, aprender y aprehender, con el fin de romper con los paradigmas de la sociedad contemporánea relacionados con la formación y educación para que las nuevas generaciones sean autoinmunes ante la “supuesta fragilidad” y ultraseguridad para que aprendan a ser capaces de sortear las dificultades que le vida nos va poniendo en cada una de las etapas del desarrollo para evitar condenar esta generación al fracaso, como lo expresan Hadit, J. y Lukianoff, G.
Bibliografía
Hammer, M. y Champy J. (1994). Reingeniería. Norma
Haidit, J. y Lukianoff, G. (2021). La transformación de
la mente moderna. Como las buenas intenciones y las malas ideas están condenado
a una generación al fracaso. (2ª ed.). Ariel
Spendolini, M. J. (1994). Benchmarking. Norma.
[1]
Invito a cambiar los términos alumno (sin luz), estudiante (estudia antes de..)
por el de estudioso (se estudia durante toda la vida, para ser mejores
ciudadanos, como fin último de la educación, no para ser resultadistas, como lo
estamos haciendo actualmente, v.i. pruebas saber y pruebas saber pro), pero
somos “peores ciudadanos del mundo”.
[2]
El tema de la educación inclusiva lo trataré en una próxima oportunidad. “Educación
inclusiva, ¿verdad o reto?”
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